mio madre

Mio madre nun sabía idiomes pero yera tan mimosa... dicíame que con enfotu pues algamar cualquier cosa. Mio madre nun sabía idiomes pero falaba a les freses, facía ensalada rusa y mil tortielles franceses. Mio madre nun sabía idiomes pues pisó poques escueles, ¡y facía un caldu gallego y unes coles de Bruseles...! Mio madre nun sabía idiomes, yera una madre estupenda, facía arroz a la cubana con salsa a la boloñesa. ...Primeros versos del poemario Mio madre, de Aurelio González Ovies, editado por Pintar -Pintar, abril 2010 (Edición en asturiano)

domingo, 5 de julio de 2015

FLANÍN, de toda la vida



Muchos me decís que se me extraña... Sé que tengo el blog un poco abandonado, pero es que el tiempo se va tan rápido, tan rápido... Me gustaría publicar más, no lo dudéis. A este pequeño espacio le debo tantas satisfacciones, me llenó la vida de tantas personas buenas, de tanto cariño, que bien sé que tendría que hacer el esfuerzo de seguir comunicándome con todos. Pero, como me consta que me queréis, abuso, sin duda, de vuestra fidelidad. Gracias por ello.
Hoy abro página para dejar un postre de toda la vida, el postre por excelencia en nuestra casa en los años 60-70 del pasado siglo (qué mal y lejano suena...) Al alcance de todos los bolsillos y tan fácil de elaborar que hasta nosotros, de pequeños, nos poníamos delantal y ¡manos al flanín!


Quiero con él,  rendir, otra vez más, un pequeño homenaje a quien fue para nosotros la Rosa de los Vientos, como bautizó sabiamente nuestro hermano mayor y quien sigue siendo la estrella que más brilla en nuestro firmamento: Nuestra madre.



lunes, 8 de junio de 2015

POTE DE MERLUZA CON LANGOSTINOS Y ALMEJAS

Servimos tras espolvorear con perejil fresco.

Pronto será verano y con él llegan los encuentros familiares, las celebraciones de las fiestas sacramentales donde los asturianos 'tiramos la casa por la ventana', es decir, nos hacemos con los más exquisitos productos y recetas para agasajar a los nuestros con las mejores viandas. Os deseo días felices a todos y os dejo un plato de merluza que me gustaría que fuese de vuestro agrado y que se lo preparéis a vuestros más allegados, que seguro que bien se lo merecen.

El caldo, a gusto de cada uno, en casa nos gusta caldosín.


Un texto de A. G. Ovies.

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Necesito escribir para callar. Para no ser, si algo soy. Para verificarme y desmentirte. Para engañarme y reafirmarte. Para apuntar que llueve y la tristeza de esta mañana se posa en los tejados y cala en la presencia de otros días. Para corroborar que esta imagen que veo, detrás de mi ventana, es tan cierta y hermosa como otoñal y efímera. Para no recordarte a todas horas y relatarte y ocultarte detrás de cada línea, en cada espacio en blanco, en los resortes de todas las palabras.

Escribir, como quien huye lejos, para dejar constancia de su apego a la vida que abandona, del árbol donde fue joven un día y amó y cinceló un nombre en la tierna corteza. Para subirse al alto de los significados y otear la infinidad de formas y alcances que aún desconocemos. Para no matar nunca e increpar siempre con derecho a dejar ‘sanguinoletras’ objeciones con algún cañonazo de palabra.

Escribir para invertir la sombra y descubrir su espalda luminosa y finísima.Para entender que nada es tan unívoco y todo excepcional y valedero, lejano desde ahora, muy cerca de nosotros. Para posar la culpa que me pesa y algunos sentimientos agresivos. Para que los silencios cobren cuerpo y asuman sus sinónimos, sus frases responsables.

Escribir para corporeizar el alma y el espíritu de los mudos periodos y las miradas huérfanas. Para profundizar en los superficiales precipicios que nos vedan la accesible llanura. Para acortar la inventada distancia que fabrican los altos dignatarios, interesada y mortífera. Para curar, con gramíneas esdrújulas y bayas guturales, la enfermiza y eterna soledad. Para silabear la esencia y la estructura del mismo sinsentido en tan distintos casos e iguales individuos. Para desafiar la gravedad de opiniones y axiomas y dictámenes. Para descuartizar el vacío y la duda.

Escribir para resucitar lo que pensamos muerto tan pronto como lo mata un antojo, una contrariedad o el hastío. Para sumar expresión y entidad a la continua resta que más nos deteriora y menos beneficia. Para pasar por puentes del pasado, de puntillas, hasta las poblaciones donde un día aparcamos nuestro propio y mudable parecido.

Escribir para deshabitar la flojedad y preservar misterios. Para desesperarme de esperanza. Para improvisar brisa en las alas del pájaro. Para desprogramar las máquinas impuestas y dar fuelle al pulmón y a las brasas y al riego y a la exigua candela que nos mantiene vivos.

sábado, 2 de mayo de 2015

TARTA DE QUESO SIN HORNO, de los 70 y muy fácil



Sin más: felices días a todas las madres. Os dejo una tarta de queso que hacía la nuestra y que nos prestaba mucho.


Un texto de Aurelio González Ovies:

HA VALIDO LA VIDA
Aunque sólo haya sido por aquellos veranos tan extensos y calmos al lado de vosotros, Cabo de Peñas, Viodo, acantilados, lanchas, Bañugues, caladeros, faro, niebla, nordeste, ha valido la pena este corto camino que aún recorro. Han valido la pena los días que pasamos creyendo que la vida sería azul y diáfana como, a veces, la mar y la altura del cielo y el contorno de agosto. Han existido. Fueron. Y aunque no quede nada, han sido más que todo. Han sido todo en mí el musgo y las gaviotas, las pozas y el salitre, las redes y el olor a carnada y escamas, a nasa y a horizonte, a calor y a ocle seco, a galipote y fondo. Por eso creo en firme que jamás volverán, por buenas y distintas que sean las de ahora, jornadas tan intensas, instantes tan hermosos.
Aunque tan sólo fuera por aquellas mañanas en las que despertaban los manzanos en flor y fuimos tan dichosos con un café y un cómplice silencio que hablaba por nosotros. Por los muchos momentos en que no existe algo tan necesario y grande como que existas tú, por más que nos transformen los hechos y los años, por mucho que nos pesen desengaños y escollos. Por aquellos encuentros en plena primavera, entre brezo y genistas, jóvenes como éramos y tan enamorados, brillantes e imparables, convencidos, sin miedos, de que el mundo era nuestro porque mundo y amor lo urdíamos nosotros.
Aunque os haya perdido igual que el árbol pierde su verdor en otoño, simplemente por ser tanto tiempo quien fui, carne de vuestra carne, aquel niño feliz que buscaba sin tregua renacuajos y grillos y botaba en los charcos naves de ingenuidad y papel de periódico. Por haberos tenido tan cerca y de verdad y haberme dado siempre emoción y conciencia, libertad y cariño, para que mis dos manos agarraran seguras y miraran al frente sin límites mis ojos. Por haberme amparado con abrigo de muro. Aunque hayáis partido, permanecen en mí, intactos, vuestros gestos. Es mío su pasado. Tan mío y tan lejano como humilde y grandioso.
Aunque deba marcharme y dejaros atrás, faro, Bañugues, Viodo, nordeste, acantilados, ha valido la vida este breve camino que aún recorro. Habéis de estar conmigo dondequiera que sea, más allá de este ámbito. Estaréis y estáis en cuanto pienso y sueño. En cada paso dado, en cada verso escrito, os recuerdo y os nombro.
© Aurelio González Ovies
(La Nueva España, 29-04-2015)

sábado, 11 de abril de 2015

CONEJO AL WHISKY



Hoy una receta que hacía mi madre muy a menudo. Muy fácil, como podréis comprobar. En nuestra infancia, al igual que en la de muchos de nuestra época, los conejos formaban parte de aquella pequeña hacienda familiar, junto con las gallinas y el pavo que se reservaba para las navidades. Ella les sacaba mucho partido tanto a los unos como a las otras, con el fin de que nos agradaran al gusto y a la vista. El conejo, después de tenerlo serenando una o dos noches, lo troceaba y con las partes menudas preparaba "pataquines" con conejo, que en otra ocasión publicaré. Con las patas y la zona del costado, nos guisaba lo que os propongo en esta receta.  Recuerdo aquellos domingos compartiendo mesa, risas y conversación, con nuestros amigos de Gijón, Ana y César y sus hijos. Les gustaba mucho este plato que, ya veréis, no os supondrá complicación alguna. Espero que lo encontréis sabroso.

Un texto de A. G. Ovies, publicado en La Nueva España:

EL DÍA DE MADRINA

http://conlaluzdemicocina.blogspot.com.es/2012/04/bollo-de-pascua-con-pitinos-2012_07.html,
Bollo 2015

El domingo bajamos a bendecir los ramos. Estaba la iglesia abarrotada. Hacía
sol y pudimos bendecirlo a la entrada. No me gusta ir a misa. Mi madre no
volvió desde aquel día en que por ir a una novena con mi hermana y conmigo,
nos caímos los tres donde casa Orfelina. Dimos con la cabeza en el asfalto.
Nos salió un gran chinchón y mi madre sangraba. Dice que si es así como Dios
lo agradece, que prefiere rezar ella sola, a su modo, o a la noche, en la cama.
Estrené un pantalón que me hizo Norina y sandalias de cuero que heredé de
mi primo. Bueno, no eran nuevas del todo, pero con el betún y el brillo sacado y
la hebilla cosida, como recién compradas.

Huele a entierro la tarde y a rosario. Está todo cerrado. Ni siquiera en la tienda
podemos comprar nada. No funciona la radio y en la tele no ponen ni noticias ni
series. Está todo de luto. La iglesia medio a oscuras me da miedo. Me dan
miedo los cirios y el incienso. Y el rosario que sisean, sin cesar, en sus
reclinatorios, las beatas. Me asustan los sermones y los púlpitos. Y el dolor tan
inmenso que expresan las imágenes. Y no quiero matar a nadie con carracas.
Me dan pavor esas sotanas malva y esos ritos. Y esos encapuchados que van
de procesión en procesión. Y tantas oraciones de amargura y de escarnio. Y
hasta Jesús tapado con la manta morada.

En todas las familias hay como más silencio y no discuten tanto los hombres en
los bares porque no sirven cosas de las que emborrachan. Al menos eso dicen.
Y es lo mejor que tienen estas fiestas tan tristes: no madrugar y no acudir a
escuela. Aunque todos los viernes nos den para comer bacalao desalado con
garbanzos, por vigilia de Pascua.

Lo bueno es que el domingo (cuánto tarda en llegar y luego cuando llega qué
rápido se acaba) vendrá madrina a verme. Me traerá un bizcocho, mantecado,
de pisos, con virutas de dulce y cubierto de escarcha. El del año pasado era
grande y sabroso. Con un castillo encima, de chocolate blanco. Y unas plumas
azules clavadas en la almena. Y merengue en los bordes y frutas confitadas.
Sabía a gloria. Yo creo que me encarga el mejor y el más grande, el más alto
del mundo, de Avilés, de Galiana. Este invierno no hubo ni ocle, ni muchos
caracoles. Pero yo, cuando puedo, también le compro a ella, en Casa de
Pacita, un jabón y un pañuelo y agua de lavanda.
© Aurelio González Ovies
 (La Nueva España, 02-04-2015)

viernes, 27 de marzo de 2015

MARAÑUELAS DE SAGRARIO, de La Piñera, Santiago de Ambiedes


Preparadas por Sagrario, anciana entrañable del barrio de La Piñera, Santiago de Ambiedes, Gozón.

A veces la casualidad hace que conozcamos a personas entrañables. Y en unos de esos momentos inesperados conocí a Sagrario. Me encontraba preparando las marañuelas de Manzaneda y me dijo que ella también hacía unas  muy ricas. Comentó que cuando las hiciese, para Pascua, me mandaría la prueba. Y así lo hizo. Nos gustaron mucho y le estoy enormemente agradecida a Sagrario. Con su permiso publico la receta. El paso a paso es una composición de las diferentes marañuelas que tengo publicadas, para orientar si os apetece hacerlas. Son muy parecidas a las de Avilés. Espero que os gusten.

Muy ricas.
 Estimada Sagrario, que tengas mucha salud y sigas preparándolas muchos años.
Os dejo un texto de A. González Ovies:

¿POR QUÉ, DE QUIÉN Y QUÉ?

DOLOR POR EL ACCIDENTE AÉREO

¿Cómo podría yo colaborar un poco con este pobre mundo? ¿Desde qué
reglamento de palabras o signos actuar con acierto y efectividad? ¿Qué se
necesita para abrir los ojos y estimar el radio de errores tan graves, de falacias
tan grandes? ¿Por qué es posible hoy que aquellos que elaboran las guerras y
atropellos desde sus palacetes desfilen tras los ídolos suplicando la paz? ¿Por
qué tantísimo oro y mármol repulido en sus aposentos? ¿Para qué los sellos en
sus dedos grasos? ¿Por qué el privilegio, siendo tan inicuos, de postizas
prédicas? ¿Por qué el mayorazgo y la potestad para perdonar?
¿De quién será la culpa de que nada nos sea lo que habría de ser? ¿Quién
hurtará a los entes su propia identidad? ¿Quién vedará al entorno sus lógicas
secuencias? ¿A quién achacar el delito de que se pudran castas, comidas por
las moscas, la hambruna y la flaqueza; a quién que se consuman seres –allá a
lo lejos–, seres –aquí bien cerca–, sobre la indiferencia, mientras yo me
atiborro o tú tiras el pan? ¿A quién incumbe y ceba tamaño desajuste? ¿Qué
usura se encubre tras estos compromisos, furtivos y silentes, entre excelsitudes
y sus abusadores? ¿Dónde estarán los límites entre burla y ley, entre argucia y
verdad?
¿Quién proyecta el viento y sus leguas frecuentes; quién acota las playas y los
acantilados y coloca alambradas en su escarpada faz? ¿Por qué no hemos
sabido ser libres como el pájaro, que, de momento, aún transita el aire y vuela?
¿Para qué tantas hormas y tantas divisorias? ¿Quién demarca la ruta de los
barcos; quién las olas que surcan cada mar? ¿Cuántos caciques sobran en
cada dependencia? ¿Cuánta atención de menos? ¿Cuántos puestos de más?
¿Quién programa el futuro? ¿Quién obedece tanto a la ignorancia suma?
¿Quién nos aísla así? ¿Hacia dónde nos llevan? ¿Hacia qué ceguedad?
¿Hacia qué cerrazón nos conducen y abocan? ¿Por qué nos empeñamos en
ser todos lo mismo, en trepar y crecer, en subir y pisar? ¿Quién nos ha
aleccionado? ¿En qué seremos sabios o cautos o resueltos? ¿Quién tallará
mañana la madera que quede? ¿Quién sabrá predecir la lluvia y el relámpago?
¿Quién recoger los frutos del manzano y la espiga? ¿Quién distinguir la flor del
cardo y del rosal? ¿Acaso volveremos a ser como reptiles? Quiero decir:
¿quizá caeremos siempre tan bajos y arrastrados? ¿Es ese nuestro sino?
¿Apocarse y seguir? ¿Asumir y callar?
(La Nueva España, 18-03-2015) 

sábado, 14 de marzo de 2015

BOLLINES DE OLIVA CANTARINES


La receta de hoy llegó a mis manos casualmente y gracias a Lourdes. Son unas 'bollinas' de aldea que hace su cuñada Oliva. Las preparé con natas de leche fresca, como la receta original, pero Lourdes las hace con nata comercializada, que es más asequible. También añadí un poco de sal y el rallo de limón. Os aseguro que están muy, muy ricas. Flotan al freír y no quedan nada aceitosas. Un auténtico lujo, garantizan una merienda o un buen desayuno de fin de semana.
Desde aquí, las gracias a Oliva, y decirle que es un honor poder contar con ella en este humilde blog.
Oliva Fernández, 'Cantarines', y José Luis Alonso, 'Tenislao', con la presidenta de El Pico, Esther García
HOMENAJEADOS. Imagen de el Comercio.


Os dejo un texto publicado recientemente en La Nueva España 
Bañugues. Fotografía de mi amiga Nieves, del blog,  Dulce y salado

TODO EN SU SITIO, A. G. Ovies

Quién le diera a mi tierra lo que hubo en otro tiempo. Suelos fértilesy amplios, sembrados por doquier. Maizales garbosos bajo el calor de agosto, patatales extensos como el hambre de ahora, prados llenos de gente con bálagos y carros y alegres cantinelas y hombres animosos y empuje de mujer. Y meriendas campestres, después de la fatiga, con queso y dulce y pan y tortillas jugosas y leche presa y miel. Quién le diera de nuevo la riqueza robada: el ganado paciente, cuadras muy fructuosas, caserías boyantes, castaños y robledos, pomaradas que olían a la palabra ayer. Casas propias, futuro, familias numerosas con trabajo y abuelos y padres y allegados y una sencilla mesa que te invite a comer.

Quién pudiera poblar de sabios pescadores sus playas y sus costas –Ángel, Servando, Lolo, Falín, Honorio, Arturo, José Antonio, Avelino, Quico el Pinto, Gabriel…–; quién cubrirlas de lanchas y aparejos y faros, de boyas y de redes y hacerla ser de oro como un día lo fue. Esparcir su abundancia por todos los concejos, recuperar caminos, renovar sus condados, injertar su linaje, reconstruir sus ruinas, renombrar sus palacios, amasar su prosapia y ponerlos en pie. Quién le restableciera sus montes recortados, sus riberas raídas, sus predios afligidos, su paisaje impecable, desgastado de tanto –gratuitamente en falso–, ceder y conceder.

Quién le diera sus alas y su soberanía y su lengua de siempre, la que hablaron los nuestros, y su abolengo excelso y su razón de ser. Quién avistara tanta magnitud y hermosura. Y advirtiera de pronto sus vegas florecidas y sus arroyos húmedos, sus aldeas vivaces, encaladas y sanas, con estiércol que ahumara frente a las antojanas y gallos que informaran de cada amanecer. Con quintanas, paneras, ristras de suficiencia, tendales esplendentes, filas y alegres corros en los patios de escuela, corros y multitudes en romerías y en fiestas con pólvora y charangas, con ídolos y ramos, con ropa nueva y fe.

Y que todo estuviera en su sitio, el de entonces; el que merece aún esta región honesta: los mayores al mando, con su edad y conciencia. La calma en la rutina, el horizonte enfrente, las estrellas en lo alto, el agua ante la sed. Que todo mantuviera su entidad y su esencia; que todo conservara su exactitud, su trino, su apariencia y verdad: la montaña y el río, el helecho y la malva, el jilguero y la noche, el árbol y el apego, la franqueza y el bien.

domingo, 22 de febrero de 2015

VERDINES CON MARISCO



'Otru platín' con un toque marinero. Se puede preparar con fabes de la granja, las clásicas de la fabada asturiana. Este tipo de fabes por nuestra zona ni se conoce ni se cultiva mucho de momento, pero en los últimos años son muy populares en nuestra gastronomía. Hay que innovar que es lo mismo que experimentar: es como se aprende. Gracias a mi amiga Tere, que nos las regaló. Van por ella y los suyos.

Un texto de A. G. Ovies, publicado en La Nueva España

PUESTA AL DÍA, A. G. Ovies

Carta a los padres ausentes

Padres míos: aquí no cambia nada, más que la luz del mar, la noche, el clima, el cielo o el mes o la semana. Está un poco peor que cuando os marchasteis, por mucho que nos digan que vamos hacia arriba, levantando cabeza, subiendo en estadísticas, superando barreras. Es todo una patraña. Es todo una mentira disfrazada de azúcar como cuando a los niños los complacen y arrullan con un cuento de hadas. Es una argucia, todo. Porque nadie está a gusto con cómo nos dirigen. Nadie está satisfecho ni de su día a día ni de su porvenir ni de cuanto le timan con impuestos, recibos, diezmos y otras metáforas. Nadie encuentra salida a los muchos problemas que invaden cada hogar ni a las muchas angustias con las que dan de frente tan pronto se despiertan, nada más se levantan.

Aquí no cambia nada. Siguen las calles llenas de indigentes que piden para un pan, una sopa. Y por cualquier esquina suplicantes que escriben su penuria en cartones o en un trozo de sábana. Siguen durmiendo cientos de miles de personas en cajeros y en parques sin más abrigo encima que el rocío que baja a lavar las mañanas. Siguen los niños huérfanos apilados en centros y los que los desean impedidos por trámites y lucro y burocracias. Y sigue habiendo hambre, cuando afirman que somos más ricos cada año. Y sigue la miseria produciendo patronos. Y siguen los conflictos. Y siguen las matanzas.

No hay más que desazón en muchos corazones, desahucios y embargos, opresión y amargura, negativas y alarmas. No hay más que poderosos que se apropian del bien ajeno y limpio. No hay más que iniquidad por parte de los que, igual que hacen la ley, manipulan la trampa. Y despidos y quiebras, falaces reajustes, balances trastocados. Y cada vez más jóvenes se van a otros países a infravalorarse. Y cada vez más débiles recalan en las playas.


Aquí no cambió nada. Continúa el obrero escalando el andamio. Y los desatendidos persistiendo en su lucha. Y los abusadores engrosando su saca. Permanece el enfermo en su lista de espera. Y algunos inocentes en la celda que ocupan en nombre de los tantos que nos hunden y estafan. Es todo lo que existe, tal como lo dejasteis. Tan solo brota, ahora, prematuro, el saúco. Y las tardes ya empiezan a oler a primavera; y aunque llueva y la nieve persevere en las cumbres, son un poco más largas.