mio madre

Mio madre nun sabía idiomes pero yera tan mimosa... dicíame que con enfotu pues algamar cualquier cosa. Mio madre nun sabía idiomes pero falaba a les freses, facía ensalada rusa y mil tortielles franceses. Mio madre nun sabía idiomes pues pisó poques escueles, ¡y facía un caldu gallego y unes coles de Bruseles...! Mio madre nun sabía idiomes, yera una madre estupenda, facía arroz a la cubana con salsa a la boloñesa. ...Primeros versos del poemario Mio madre, de Aurelio González Ovies, editado por Pintar -Pintar, abril 2010 (Edición en asturiano)

viernes, 17 de mayo de 2013

BIZCOCHO CON HARINA DE MAÍZ ECOLÓGICA Y CHOCOLATE


Todo el sabor del maíz en un bizcocho.
La harina de maíz nos gusta mucho y en este caso, es de una calidad excepcional ,triturada en molino de piedra, fina, fina y cultivada en campos de agricultura ecológica, sin ningún añadido químico.Por eso , no podía ser de otra forma, el bizcocho quedó muy rico y además con un color envidiable. Le  tengo que agradecer a mi amiga Marigel este rico grano. Ella y su marido fueron los que consiguieron la harina, quedan pocos molinos de agua, de los que muelen despacio y a conciencia para dejarla igual que antaño. La verdad es que es un tesoro, ojalá su dueña siga con el empeño de conservarlo y moliendo para nosotros.
Y con el chocolate, aún más rico.

Unas palabras de A. González Ovies:

   Eco engañoso
Reverberaciones en mayo
Desde Cirieñu, paisaje idílico. Foto de nuestra amiga Terina.

15.05.2013, La Nueva España.


 Mayo. Color reciente sobre las crestas del rinanto. Campos desbocados que lindan con la infancia y con el aroma núbil de las espineras. Páginas indescriptibles de resonancias nuevas sobre las ramas de los árboles. Agua de las últimas nieves que desciende tan límpida como las alas de las libélulas. Sol joven en todos los caminos, brisa muy blanda en todos los destinos. Luz con los visos de la mentira. Vastedad de misterios en la naturaleza: ¿quién tutela el empeño de los ríos; quién pliega los sudarios del crepúsculo; a quién dirige el humo sus fragmentos; quién rubrica el grosor de las cerezas?


¿Por qué nos han impuesto esta forma humana tan inexpresiva, quién nos ha decidido, quien ha dado la venia? Si fuéramos montañas, nos heriríamos tanto como somos capaces bajo esta indumentaria de quebradizos huesos? ¿De quién depende el resto de mi vida si aún no he desvelado las manos de quien guarda las horas ya pretéritas? ¿Por qué no me han nombrado orilla o mar o puente o retama o silbido? ¿A quién le recrimino el no ser pedernal o frío del invierno o aullido de alimaña o altiplanicie o vega? ¿Dónde puedo buscar lo que no ha de ocurrir, en dónde averiguar lo que está destinado a no coincidir nunca con mi breve existencia?


¿Hasta dónde las licencias ilícitas del eco? ¿Quién es él para apropiarse, prófugo, de mis vocablos? ¿Dónde posa mi voz, a quién la entrega? ¿De quién es ese espectro que repite en voz alta lo que ni aún he escrito, lo que pienso y desdice, lo que comprende apenas? ¿Por qué me lo divulga si apenas me conoce? ¿Por qué imita, con su tono luctuoso, a las lóbregas aves de mal agüero? ¿Y qué sabe él de mí, por qué me juzga si ni hubo un abrazo tan siquiera? ¿Qué signos son aquellos que brotan sobre el lomo de mis dudas, son calumnias en flor o despecho y rencor? ¿Cuándo cesará el odio y esta rivalidad que nos gangrena?


¿Qué aprendo cuando lanza su canto el petirrojo? ¿La rutina del cielo qué me enseña? ¿Qué deduzco de la esbeltez del trigo? ¿Qué amapolas comparten la herencia de mi sangre? ¿Qué sé de la belleza? ¿De qué me sirven, de estación a estación, estos años aquí, con la habitual sospecha de una contrariedad siempre muy próxima, si, ya por condición, desconfío del ser que está más cerca? Mayo. Calas blancas en torno a los regatos. Grillos y saltamontes. Memoria, única guarida de la inocencia.

jueves, 9 de mayo de 2013

FÁCIL: NEGRITO

Delicioso y tradicional.
Mayo para nosotros viene cargado de cumpleaños, es un mes de los más dulces en casa. Y como Ana me trajo natas frescas, ricas a más no poder, preparé este negrito tan estupendo para el día de la madre. De Ana ya os hablé en su momento, es una de mis amigas del alma desde hace muchos años y, a pesar de que su trabajo no le deja mucho tiempo para poder pasar tardes enteras charlando sin que nos apetezca despedirnos, cada vez que nos encontramos nos presta mucho. Entre las recetas que Ana me regaló de su puño y letra, aparece este dulce de la mano de su prima Amparín, a quien le gustaba mucho la repostería. Por eso, quiero dedicarle la publicación de hoy, en su memoria.
Lo que desconozco es porqué se le llama `negrito´... Se hacía los domingos en muchas casas de nuestro concejo, nuestra amiga Nieves también lo preparaba a menudo y le quedaba de maravilla.
Hace años, la leche se vendía directamente desde las caserías  De pequeños no conocimos la comercializada. Recuerdo la escena: nuestro tío Luís terminaba de catar (ordeñar) algunas vacas, salía de la cuadra con el cubo lleno a rebosar e iba rellenando las lecheras enormes en el pasillo. Tenían un colador arriba, para recoger las posibles impurezas. El preciado líquido blanco (oro en bruto, entonces) desprendía un vapor caliente que aún me parece oler ... Tiempos en blanco y negro...
(No probé a prepararlo con nata comprada, pero pienso que puede quedar delicioso también, aunque nunca suplirá el rico sabor de las natas frescas de las vacas gozoniegas).

Acompañé con unas peras al Pedro Ximenez.

A ver si os gusta, queda un pastel consistente.
Os dejo un texto de A. G. Ovies, publicado en La Nueva España:



EN BLANCO Y NEGRO


Blanco y negro. Esos son los colores de mis primeros años, el tono de nuestro ayer. Todo lo que recuerdo carece de gamas alegres, por más que muchos fragmentos me reconforten y a menudo necesite descender hasta ellos para absorber su jugo agridulce. Porque el pasado es un buen veneno con el que edulcorar la toxicidad del tiempo presente. Grises, inevitablemente hemos crecido con el carácter de la ceniza, con la dermis del humo y la templanza de los meses de días cortos. Todo lo que evoco posee perfil de bruma, épocas de duelo, gesto de asfixia, tacto de penitencia:

                      

Casas muy apretadas, para vivir apenas, con olor a vinagre y a pintura de polvos, a hollín y aceite viejo. Pasillos muy estrechos, con baldosas de franjas y exiguas geometrías. Cuartos donde morían los antepasados y donde permanecía para siempre la hipocondría del agua de azahar. Habitaciones con camas de madera y rosarios colgados y polilla en las vigas. Estancias en las que perfuman el carboncillo y los retales junto a la máquina de coser y el huérfano trinchero. Retretes desnudos y fríos, con el tufillo perdurable del musgo y el orín y un clavo del que cuelgan papeles de periódico y revistas.

                                        

Hombres enfundados que trepaban los postes de la luz, con garfios en los pies y cinchos de cuero, cuando íbamos camino de la escuela, indefensos y asustadizos, como hijos de una generación traumatizada con la derrota, los guardias civiles, la escarlatina, la tuberculosis, el fin del mundo y el futuro. Abuelas que nos cruzábamos, con pañoletas mustias y lecheras de porcelana blanca. Las mismas que al regreso, entre el viento, a lo lejos, encorvadas quitaban malezas con la azada.



Tendales con estacas torcidas y ropa moribunda batiendo a media tarde. Lavaderos con el agua parada y tablas con pastillas de jabón de sebo. Vacas tirando de los carros cargados de ballico. Boñigas en todos los caminos, buracas en todos los senderos. Atajos para todos los rumbos. Escombreras en cualquier recodo. Todo en nada. Alcantarillas que atravesábamos gateando por sus tubos. Paredones con cuellos y bocas de botellas y cachos de cristales puntiagudos.



Obreros que pasaban cansados, pedaleando en sus bicicletas con dínamo y bomba, y pinzas en los bajos de los pantalones. Obreros que, al anochecer, con la colilla entre los labios y la fiambrera en una bolsa se dirigían a sus cobijos. Obreros que paraban a tomar unas pintas en Casa Arcadio y a descargar pesares hasta perder el norte y retirarse hablando solos, riñendo con sus sombras y maldiciendo el aire.



Pescaderas ambulantes con calderos y pesa y helechos en los cestos donde brillan bocartes plateados y frescos. Amas de casa, amas de la vida, amas del amor y la intendencia, con las cargas de leña descañada y el brazado de berzas. Trabajadoras de la conservera de Luanco, con abrigos que atufan a bonito y caballa y manos milagrosas y dedos acribillados por las espinas, la hojalata y el sacrificio. Obreras de la luz del día, del pan y del calor de cada noche fría y en penuria. Obreras del todo y de la nada. Obreras, matriarcas que benditas sean por los hijos de los hijos y en los siglos de los siglos.



Chigres con almanaques de mujeres en cueros y vírgenes con lágrimas y muchas perlas. Mostradores de diminutos azulejos y bordes de madera quemados por los puros. Garrafones de anís y pellejos de vino junto a montones de cajas de galletas, latas de pimentón y sacos de garbanzos. Copas con una línea roja, muy delgada, hasta donde Isabel echa el coñac. Nada. Todo. Blanco y negro.

miércoles, 1 de mayo de 2013

FÁCIL: TARTA DE MANZANEDA, en memoria de Maruja


Una tarta sin complicaciones.
Comienza mayo, el mes de las flores, el mes más guapo y extenso de la primavera, si es que el tiempo acompaña y empieza a dejarse ver ese cielo azul que hace las tardes cada vez más largas. Esperemos que así sea. Siento ganas de luz...

Publico una tarta muy sencilla, de las más fáciles y rápidas que hice. La receta es de mi prima Mari, a la que le apasiona la cocina y la repostería. Me dejó su libreta de anotaciones y desde que la tuve en mi poder, una de las tartas que más me apetecía hacer era ésta. Os sorprenderá lo rica que está, fresca y suave, y nada empalagosa, ya veréis. Mejor de un día para otro.  Con ingredientes básicos y tan rápida que no da pereza ninguna elaborarla. Vamos, de las de quedar muy bien con el mínimo esfuerzo.

Quiero dedicársela a sus padres, especialmente a su madre Maruja. Natural de un pueblo precioso de nuestro concejo, Manzaneda, cuyo nombre lleva la tarta de hoy. Situado en un paraje fértil, verde y muy soleado, es un pueblo muy acogedor, con una iglesia de estilo románico, de finales del siglo XII, hermosa, a la vez que un palacio muy bien conservado.

A Maruja también le gustaba la cocina, se le daba muy bien y, entre otros muchos platos, le salía como a nadie la tortilla española, tanto es así que fue la ganadora unos cuantos años del concurso que, a propósito de este plato, organizaban en su zona. El jurado siempre se decantaba por las que ella presentaba. A sus hijas les llenaba de orgullo. Me cuenta Mari que las manos de cerdo guisadas era otro de sus platos fuertes... Manos expertas de ama de casa sabedora del buen hacer. Descanse en paz.

Un dulce bocado.

In memoriam.
Imágenes de Manzaneda, del libro Gozón, el libro del concejoAzucel, 2006

A un lado del camino

A un lado del camino estaban nuestras casas. Y el camino llevaba a todas partes. A la mar, hasta el Faro, a Luanco, hasta Candás, a Viodo, al fin del mundo. Todas las direcciones al lado del camino: una extensión de tierra aún sin asfalto, con baches y bardales y un poste de la luz, para avisos y esquelas, que servía, asimismo, de parada. Todas las distracciones en una carretera que nos entretenía las horas del domingo, contando forasteros que iban y venían, observando los coches inmensos y modernos: Dodge Dar y «Seiscientos», Simca 1.000; diciéndoles adiós a excursiones de monjas y personas mayores, o mirando tan sólo a ver si alguien pasaba.

En medio de un camino que apenas transitaban más que la tarde lenta o las hojas de octubre o los gatos, sin prisa, colocábamos límites con botes o con piedras o con trozos de tiza pintábamos las rayas, e invertíamos tardes enteras jugando al escondite o a indios y vaqueros o a la gallina ciega o al potro o a la maza. Era un tiempo feliz, sin reloj ni pesares, en medio de un camino, donde tan pronto estábamos rescatando al contrario como lanzándole una pelota envenenada. Unos días tranquilos en los que amontonábamos las trencas en el suelo y nadie interrumpía nuestra expansión sencilla: una partida al gua, otra al roma, otra al pañuelo por detrás, otra a la queda, una competición de caracoles o un corro a la patata.

A un lado del camino recogíamos moras, descubríamos nidos, cazábamos insectos o nos entusiasmaban las grandes telarañas.

Allí, con casi nada, lo inventábamos todo: sobre cajas de fruta o con algún cartón, levantábamos tiendas y vendíamos colillas, cacharros, pimentón de ladrillo y teja machacados, herramientas ya viejas o verduras prestadas. Usábamos señales como diana certera de nuestros tirachinas, trazábamos «cascayos» con casillas y números, escribíamos nombres con cachos de escayola, nos tirábamos flechas a los jerséis de lana.

En medio del camino pasamos media vida. Hacíamos carreras, andábamos con zancos, montábamos en bici, corríamos tras el aro, gastábamos los sábados desde por la mañana. Comíamos la merienda, construíamos cocheras en montones de arena, subíamos a los muros en que no había cristales, buscábamos regatos, desviábamos el agua. Cruzábamos los tubos de las alcantarillas, trepábamos a higueras, amasábamos barro o perdíamos el tiempo pescando de mentira, con un hilo amarrado en cualquier caña. En medio del camino, entera nuestra infancia.

A. G. Ovies, La Nueva España.


jueves, 25 de abril de 2013

FÁCIL: MANTECADO IMPERIAL SIN GLASA

Otra manera de preparar el mantecado, más exitosa, al llevar levadura.
Esta receta es del curso de repostería de mi amiga Anun con una pastelera de Avilés muy reconocida como tal, de la hoy desaparecida pastelería San Francisco. Resulta un mantecado muy suave y esponjoso. Muy fácil de preparar, solamente mezclar bien los ingredientes para que queden perfectamente unidos y formen una masa suave y cremosa y dejarlo cocer en horno bajo, despacio, para que vaya subiendo poco a poco y nos salga con esa miga que le caracteriza. (Este tipo de bizcocho, en sus diferentes recetas ( ver mantecado sin levadura aquí), se suele preparar para los bollos de Pascua y se elabora todo el año en la comarca).
Suele llevar una glasa blanca por arriba, elaborada con azúcar y agua en la misma proporción, formando un almíbar a punto de hebra fuerte que se deja caer sobre el mantecado. Hoy no se la puse, para restar calorías, pero con ella queda más lucido el mantecado.
Mi amiga me proporcionó muchas más recetas de este interesante curso, asistió hace unos cuantos años. Poco a poco seguiré preparando los ricos dulces que con tanta generosidad les enseñó la gran pastelera. Mi agradecimiento a las dos.
Deciros también que suelo preparar dos mantecados, con el doble de ingredientes, para aprovechar el calor del horno. Uno lo congelo y se mantiene perfecto, bien envuelto en papel de aluminio y dentro de una bolsa de congelación.
 A ver si os gusta.

Una auténtica tentación-
Un texto de Aurelio González Ovies, publicado en La Nueva España, el día del libro.
De libris
Todo lo que saben y hacen los libros

Conocen la vida mejor que nosotros. Y hay seres humanos menos verdaderos. Pronuncian belleza cuando es necesario y mienten más noble que cualquier mentira. Visitan a presos y saben sus penas y conocen todos sus remordimientos. Y nos corroboran las desconfianzas. Y nos contradicen en las obsesiones. Y construyen reinos y soberanías y países justos que no decepcionan y tierras felices como antiguamente. Derriban argucias de los mandatarios. Denuncian metáforas de timo y veneno. Y nos trazan rutas por los arquetipos y nos embelesan con sus perspectivas y nos encarrilan en sus contingencias o nos amilanan con sus contratiempos.


Difunden ternura, desprenden rencor. Asumen las culpas, corrigen los traumas, inventan paisajes, reconstruyen llamas. Son como la voz, ráfaga espontánea, trasluz desde el alma hasta el pensamiento. Son en cada página libres y capaces. Se escapan del mundo, huyen de sus lindes, conquistan el siempre. Visitan las ruinas, describen sus mármoles, entran en sonoros palacios del tiempo. Pasan sin reparo del hoy al mañana, bajan al ayer sin nostalgia alguna y beben su aroma y besan sus hules y abren sus balcones, se asoman al humo y abrazan el hálito de prendas queridas, tientan el espacio de todos los muertos.


Deciden finales que la vida oculta, descartan congojas que el destino tensa; acortan el hilo de los desconsuelos, extienden las épocas de amor desmedido. Poseen registros como la memoria y desencadenan subjetividades. Serenan las horas con palabras dóciles, excitan las púas de los sentimientos. Abren miradores jamás concebidos, permiten acceso a lo inexistente. Responden a enigmas, desentrañan miedos, emiten reflejos que te identifican, confiesan reparos que nos avergüenzan. Son madres nutricias, experiencia en alza, aspas poderosas, sagaces espías. Intuyen el ánimo. Saben del silencio.


Toleran, respetan, acogen las manos de cualquier extraño, veneran lo blanco y adoran lo negro. Indagan porqués, comparten carencias, sacian ansiedades, alivian el llanto, ceden emociones. Hablan los idiomas de todos los términos. Quedan en nosotros, penetran muy hondo, marcan un transcurso, un día preciso y los recordamos como algo muy nuestro. Duplican los seres y las existencias, facilitan tránsitos y mapas lejanos, rescatan sabores y predicen éxodos. Bendicen la paz con ritos arcaicos, improvisan templos para los poemas, preservan los pueblos con versos eternos. Curan con sus fábulas, adormecen, cuentan lo que pasa, sueñan lo que falta, lo mismo que un lloro, igual que un deseo. Salvaguardan nombres, costumbres, esencias. Mantienen los rasgos de lo primigenio

sábado, 20 de abril de 2013

EMPANADA DE CARMELA


Una empanada gallega, estupenda.
Otra vez con vosotros, amigos. A ver si 'ya' es la definitiva y los catarros y demás se olvidan de nosotros. Gracias por todos los ánimos que me hicisteis llegar. Siento no haber contestado a vuestros comentarios a su debido tiempo y espero poder visitaros con más asiduidad a partir de ahora.

Hoy os dejo una empanada que nos gustó de manera especial. La receta es de Carmela, nuestra profesora de manualidades. Como buena gallega, le gusta cocinar y siempre nos está aportando interesantes ideas, recordando platos que se hacían (y aún se hacen) en su casa. Cuando era niña, esta empanada le llamaba mucho la atención porque decía que la hacían del tamaño de `una rueda de carro´ y la llevaban a cocer al horno de la panadería de su pueblo, en la provincia de Lugo. Ella nos habló del relleno, con sardinillas frescas, sin espina, abiertas y colocadas entre la cebolla. Yo la preparé con bonito para que así gustase a todos los de casa, pues, con el pescado fresco,  alguno es bastante tiquismiquis. También los pimientos que debieran de ser morrones,  los puse del piquillo, los que tenía en ese momento.
La masa, de las más sencillas y está riquísima. Carmela no le pone nada de levadura, yo le añadí un poco para que quedase más blandina, pensando en los míos de nuevo.

Está muy rica, el relleno con tanta cebolla es una delicia, yo no pude esperar a que se enfriase del todo, la probé templada y me prestó mucho.

Le doy las gracias a Carmela, espero que nos siga regalando su compañía y más platos ricos.


La masa crujiente y el suave relleno, hacen de cada bocado una delicia.
Os dejo un texto de A. G. Ovies, publicado en La Nueva España.
Aurelio G. Ovies


 Qué habrá sido de todo lo que ha sido? ¿Y aquello que no fue en dónde permanece? ¿Qué de los nombres que ardían cuando los pronunciábamos; de los brazos que abrían tan pronto el sol brotaba, de los presentimientos abatidos? ¿Qué muere cuando se muere? ¿Quién abre las imponentes compuertas del dolor? ¿Quién habita en el luto; quién sobre la superficie del olvido? ¿Dónde queda el paisaje que miramos, dónde las estaciones desprovistas? ¿Quién ocupa los sueños que movemos, quién la vida que hasta entonces vivimos?


Lo que la noche encubre, ¿dónde se manifiesta, cuándo materializa sus designios? ¿Cómo será, a la luz, lo que no imaginamos? ¿Cómo la sombra de lo más transparente? ¿Qué perfil mostrará el futuro más próximo? ¿Si el silencio sonara, qué obraría en cada instante, qué en cada pensamiento; cuántas palabras nuevas, cuántos callados gritos? ¿Nos parecemos algo a lo que deseamos; nos acercamos más a lo que aborrecemos o a lo que perseguimos? ¿Quién dictamina nuestras voluntades; quién endereza nuestras decisiones; quién fragua nuestros credos; quién da capacidad a nuestros silogismos?


¿Quién sabe ciertamente a qué ha venido y por qué ha de partir y el qué de mientras tanto y el para qué desde un principio? ¿Merecerá la pena reconocerse nieve? ¿Ser roca es más intenso? ¿Es más larga la espera que la costumbre? ¿Más profunda la herida que el entusiasmo? ¿Menos punzante la distancia que el cariño? ¿Cuánto mide el amor; quién traza sus volúmenes, quién pule sus costuras, quién decide sus dunas y sus siglos? ¿Por qué la libertad y el amor no armonizan? ¿Por qué no se acompasan sus agujas? ¿Y el odio dónde incuba? ¿Por qué no desguarnece? ¿Quién sigue apadrinando sus fases monstruosas, sus rizomas endémicos? ¿Quién diseña sus rutas, quién lima sus cuchillos?


¿Cómo será el ser un ser inexistente, siempre lejos de ti, siempre vacío constante, siempre impresión de espíritu? ¿Qué llevaré en los ojos, con qué imagen iré a las amplias regiones de la nada? ¿Qué pensará la música cuando nos separemos; y qué la luna y los espacios, qué la indiferencia de la mar y los ríos? ¿Qué sucede al otro lado de la soledad; quién dicta su mudez, quién sostiene sus murales de humo? ¿Dónde se pierde el contorno del mundo, a qué altura no se percibe la angustia de la tierra? ¿Qué nos sucedería sin memoria, qué sería de las cosas sin olvido?

martes, 9 de abril de 2013

POSTRE TIPO PEÑASANTA


Muchos días sin apenas ponerme al ordenador, sin visitar vuestras cocinas y desatendiendo por completo la mía... Seguramente la culpa la tenga este 'aborrecible' tiempo que nos toca vivir estos meses. Las gripes y los constipados están de fiesta y decidieron hacernos una visita.Y se quedaron, vaya si se quedaron... Aún estoy, como decimos por aquí, `a media vela´, pero hoy me siento con ganas de publicar un postre de lo más sencillo y del que me dí cuenta de que aún no estaba en el blog.

Basado en el clásico Peñasanta (postre popular en diversas localidades de Asturias ), os dejo un cierre de comida muy fácil y apañado. Lo mismo sirve para los días calurosos del verano que para las estaciones más frías. El original lleva helado mantecado o de tres sabores, sobre el que se suele poner almendra molida y tostada.También se acostumbra regarlo, al servir, con algún licor, que se flambea o no, dependiendo del gusto y de los comensales.

  Yo os dejo un básico, después, cuanto más dejéis volar la imaginación, mejor. A ver si os gusta.

Y esta buena moza que veis es nuestra tía Gloria, que el pasado día 1 de abril cumplió 100 lúcidos años...  Promete venir a casa y hacer alguna llambionada de las suyas. Una más que buena repostera y aún mucho mejor persona. Salud, querida tía.


Un texto de A. G. Ovies, publicado en La Nueva España:



Cuando llega este tiempo de falsa primavera y un petirrojo viene cada mañana a verme, cuando brotan de pronto los árboles del parque y marzo apunta ya con sus balas de savia y es invierno pero hay una brisa muy nueva y una limpia tristeza en la luz muy reciente, la vida espolvorea aromas entrañables, colores muy cercanos, instantes como sed que mana y apetece y se escuchan recreos con gritos de los niños y se llenan los bancos de amor adolescente.

Cuando rompe el calor sus urnas y se expande, recuerdo emocionantes incursiones campestres: los prados comenzaban a poblarse de mayas y de eléboros y nos gustaba mucho echarnos a rodar, por más que nos reñían por mancharnos la ropa con el jugo del verde. Nos gustaba buscar los grillos prematuros y brillantes insectos y descubrir toperas por entre el tierno césped. Y adivinar en dónde anidarían las pegas y dónde esconderían las gatas sus camadas, en qué hueco del muro o en qué sebe. Nos gustaba encontrar camisas de culebras, charcos con renacuajos nerviosos y tritones; y plantas diminutas de las fresas silvestres.

Cuando veo los narcisos en las veredas húmedas y escucho el discurrir de alguna fuente. Cuando por los caminos las prímulas motean el paisaje con su dorado joven y raudas lagartijas escapan de mis pies y el aire duele, me acerco a los lejanos dominios de mí mismo, a las surcadas rutas imposibles, a queridos espacios de espinos y bardales, higueras y laureles. Me asomo a las afueras de lo que soy ahora y corro cuesta abajo con los brazos abiertos, persigo una cometa con forma de serpiente. O bajo hasta la mar y atrapo por las pozas diminutas quisquillas, conchas muy desgastadas, esqueletos de peces.

Cuando arriba el buen tiempo y observo el cielo nítido y las tardes son lentas y radiantes y enrojece con más calma el poniente. Cuando los pueblos huelen a merienda de madre y al jabón de la ropa y padre que regresa con cansancio a la espalda y el horizonte acopia el soplo del nordeste, son más míos que nunca el canto de los gallos, las gaviotas, las olas, y el tallo del silencio y sus esquejes. Me pertenecen menos las cosas de este mundo, pero soy más un poco aquello de otras veces: soy un coleccionista de materias muy frágiles, un cazador furtivo de imágenes endebles.

sábado, 23 de marzo de 2013

MARAÑUELAS DE LOS 70, DE CHARO `EL CHALÁN´


Deliciosas. Con cariño,  para María Inés.


Las marañuelas son los dulces tradicionales de nuestro concejo. La fórmula más utilizada es la que os dejaba en esta publicación,  pero cada persona, partiendo de los mismos ingredientes, modifica la receta a su gusto. Nuestra madre lo solía hacer y tenemos en un libro de cocina anotaciones de las medidas, que recogía cada vez que hacía una tanda y le quedaban ricas. Con más manteca, con más azúcar, con menos harina... Así, cuando le apetecía, variaba la receta. Nuestra vecina Charo era también una gran cocinera. Se perdía en los fogones, sobre todo haciendo dulces, galletas, bollinas y marañuelas. Las dos compartían sus logros. Recuerdo a Charo cruzando la carretera con una fuente llena de rosquillas, torrijas o cualquier otra llambionada, tapado todo con un rodillo de cuadros... Otras veces era nuestra madre la que recorría el camino a la inversa.
A Charo le encantaba escribir versos. Mi hermano, de niño,  pasaba muchas tardes en su compañía, construyendo rimas. Versos que nuestra vecina logró plasmar en dos libros: Versos para los humildes y  Opiniones de oro salpicadas con poemas. La menor de siete hermanos, los llaman `del Chalán´, trabajó desde niña, como casi todas las de su generación, principios del siglo pasado, y más tarde se casó con un hombre bueno, Ramón, al que le gustaba mucho el campo y que, además de ser un carpintero estupendo, en sus ratos libres hacía unas `paxes de blimes´ (cestas), perfectas...
Hoy me gusta recordarlos preparando estas marañuelas que hizo allá por los años 70. El resultado: deliciosas.
(Miro hacía su casa y aún me parece ver la chimenea humeando, y sentir el ronroneo del cepillo y las limas en el taller. In memoriam)
Las marañuelas de nuestro concejo, una variedad de Charo.

Os dejo un poema de Charo, recogido en el libro Opiniones de oro, salpicadas con poemas:

FELIZ SEMANA SANTA A TODOS.

¨SÉ QUE ESTÁS AHI...¨

Sé que estás ahí Jesús querido,
sé que padeciste por salvarnos
sé que volverás a rescatarnos
sé que nos darás lo prometido.

Sé que a todo aquel
que en ti ha creído
le darás vida eterna
ahí a tu lado,
a todo aquel ser arrepentido
a todo aquel que, con dolor,
ha llorado amargamente su pecado.

Sé que estás ahí Jesús querido,
aunque el  mundo muchas veces
te ha negado.

Charo `El Chalán´